El equilibrio humano es 

un ejercicio continuo, 

nunca puede darse como concluido 

 

 

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El equilibrio

Etimológicamente la palabra equilibrio viene de las palabras latinas aequum que significa: que no se inclina ni a un lado ni a otro y de libra  que designaba todo objeto  que servía para pesar. Equilibrio, por tanto, es permanecer en el fiel de la balanza.

Todas las realidades tienen su correspondiente opuesto, como la balanza; pero los opuestos son de naturaleza idéntica, diferenciándose sólo en el grado: alto-bajo, calor frío, salud-enfermedad, cólera- tolerancia ... tan agua es el vapor como el hielo. Y entre esos "opuestos" es el terreno donde tenemos que encontrar el equilibrio  

Por tanto el equilibrio humano, tanto físico como emocional, es un ejercicio continuo, nunca puede ser algo “concluido”. Vamos al gimnasio o al balneario cuando queremos elevar el nivel de salud y de idoneidad personal  pero ¿dónde vamos cuando queremos elevar  el tono y el equilibrio mental? Estamos convencidos que el equilibrio es la clave para triunfar en todo lo que hacemos en la vida y que el equilibrio no se logra sin disciplina mental, pero ¿somos capaces de templar diariamente el ánimo?.  

El proceso de disciplina mental requiere, necesariamente, el silencio interior; y el silencio interior lo perturban de manera especial las pequeñas mentiras inocentes con que nos obsequiamos a nosotros mismos, día a día, para que la línea entre lo real y lo ficticio se vuelva borrosa.  La meditación es definitivamente una herramienta esencial del desarrollo del ser porque permite fortalecer el poder de decisión, de concentración, de determinación ... esenciales para llevar a cabo los cambios interiores que uno quiere lograr. No nos hacemos pacíficos, virtuosos o artistas a través de sólo improvisar; la clave está en el esfuerzo y la voluntad reiterados. Cada uno somos profundamente únicos en nuestra realidad interna y amos de nuestro propio crecimiento y, en consecuencia, de nuestra propia paz interior que sólo puede depender de nosotros y nunca de que los demás cambien o no.

El ocio, sin duda alguna, también puede ayudarnos  a alcanzar el equilibrio. Vivimos, afortunadamente, tiempos en los que cada vez más el ocio juega un papel importante en nuestras vidas. El ocio positivo  aporta equilibrio interior y favorece  las relaciones familiares e intergeneracionales.

En los últimos años se han realizado diversos estudios experimentales tratando de definir los rasgos más acusados que definen a la persona equilibrada. He aquí algunos de los más significativos:

1.- Capacidad intelectual notable que le permite no mezclar problemas.

2.- Eficacia en cada situación.

3.- Sólida estabilidad emocional.

5.- Actitud optimista y positiva ante la vida, pero con sensibilidad y delicadeza.

6.- Voluntad sólida pero sin obstinación.

7.- Capacidad de maravillarse sin límites.

8.- Capacidad de asumir los propios errores y limitaciones.

9.- Sentido del humor.

La imagen que  me viene a la mente, como resumen de esta reflexión, es la del viejo y solitario olmo, en la meseta castellana, capaz de dar cobijo a la blanca paloma y al empedernido caminante. Es como el fiel de la balanza que desafía el bochorno solariego del verano y los rigores del invierno, recuperando siempre su compostura. Apuntando siempre al infinito y firmemente anclado en la dura realidad. ¿Queda alguno de esos olmos? ¿acabó con todos la grafiosis galopante de la comodidad humana?  

                                                                                            José Luis

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