El "ruido" 

  de nuestros

 sentidos nos

 impide con

 demasiada

 frecuencia

 escuchar.

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La Elegancia

El Equilibrio

Saber Escuchar

La Delicadeza

Altruismo

Autoestima

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Saber escuchar

Para una buena convivencia es esencial saber escuchar a los demás, aunque creamos sinceramente que están equivocados. Pero realmente ¿Sabemos escuchar? ¿Queremos escuchar a los demás o preferimos escuchar a nuestro propio y maquiavélico “ego”?  

Seguramente todos, en alguna ocasión, le hemos dicho al amigo "cuéntame algo, nunca me cuentas nada", y puede que sea verdad; pero cada vez que se pone a "contarnos" algo ¿le dejamos terminar? ¿Le interrumpimos inmediatamente para contarle aquello, que al hilo de su exposición, nos interesa que escuche porque nos pone por encima de él? 

“Saber escuchar” es un arte; no es lo mismo escuchar que oír. Saber escuchar implica mantenerse vigilante e interesado para no perder nada de lo que oímos; y además para demostrarle que nos interesa lo que  dice; lo que llamamos una escucha activa. La escucha activa supone breves comentarios,  por parte del que escucha, que  demuestran la atención y facilitan la exposición al interlocutor. Pero en este mundo de prisas ¿dónde  se queda la escucha activa? ¿Dónde está la paz y el sosiego interno, el “silencio” que me permita dedicar toda la atención a mi interlocutor?  

El “ruido” de mis sentidos, es decir: tantas “llamadas” por las que estoy solicitado, ¿me permiten estar disponible para que mi escucha sea  acogedora y respetuosa o quiero imponer siempre mis ideas?  Sin sosiego y sin paz no hay silencio, pero sin el “silencio de los sentidos"  tampoco vamos a alcanzar el sosiego.  El  problema  no  está en los ruidos del mundo exterior sino  en los que vienen de dentro de nosotros mismos: Ambiciones, celos, egoísmos, preconceptos  ...  

Otras veces también es cierto que por miedo a herir la susceptibilidad del otro, se recurre a la mentira, se guarda silencio o se simula una actitud que no va de acuerdo con nuestra forma de pensar, lo cual tampoco es una verdadera escucha porque a la larga crea incomodidad.

Cinco condiciones, al menos, podríamos establecer como necesarias para poder hablar de una verdadera escucha activa.

1. Dejar de lado aquellas circunstancias que distraen nuestra mente.

2. No estar preparando nuestra respuesta mientras el interlocutor habla

3. Deseo de enriquecerse con las aportaciones de los otros.

4. Actitud de interés verdadero. El que vive una actitud de escucha piensa que lo que dice su oponente es válido, aunque no esté de acuerdo.

5. Saber aceptar los propios errores o equivocaciones.

Hay al menos 5 razones por las que no escuchamos "activamente":  

1. Creemos que es una pérdida de tiempo escuchar las opiniones 

     de los demás.

2. Valoramos más lo que tenemos que decir que lo que tenemos que 

     escuchar y como consecuencia interrumpimos los argumentos del

      interlocutor para imponer nuestra forma de pensar.

3. Muy fácilmente nos damos a la cólera y a la frustración.

4. Pensamos que las necesidades de los demás son menos importantes.

5. Los prejuicios acerca del interlocutor. El “ruido” de nuestros sentidos.

¡Qué difícil es saber escuchar! Qué difícil es hacer que el tímido se sienta valeroso a nuestro lado, que el agobiado se vuelva alegre, que el indeciso se sienta seguro, que el  introvertido abra su espíritu; en eso consiste  el saber escuchar, en hacer importante al que habla. Sin duda son pocas las personas que saben hacerlo. Pero ¿no piensas que es un reto hermoso? Seguro que sí; y eso ya es muy positivo. 

                                                                                          José Luis

 

 

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